Hace 300 años hubo una gran guerra en el Reino
Celestial. El Dios del trueno Taishaku-Ten, se rebeló contra Ten-Tai, Emperador
de los Dioses. Fue una guerra cruel, en donde muchos clanes se vieron
enfrentados. El clan Ashura, comandado por su rey Ashura-Ô, fue aniquilado por
la armada de Taishaku-Ten, y el propio Ashura-Ô murió. Su esposa, de quien se
dice que le había traicionado, se casó con Taishaku-Ten, embarazada de un niño
de Ashura-Ô. El bebé nació a la vez que su otro hijo, conocido como Ten-Ô, cuyo
padre no era Ashura-Ô. Sashi se quiso deshacer del bebé perteneciente al clan
Ashura, y así, fue encerrado en un Kekkai durante 300 años. Pero había una
profecía que anunciaba el final de este reinado, y con ella se inicia la
historia.
"Seis estrellas descenderán...
Astros de las sombras que traicionarán a los cielos.
Antes de que los hilos del destino se enlacen,
deberás tejer tu propio destino.
Siguiendo las indicaciones de un familiar fallecido,
adoptarás una criatura.
Ignora que es el bien y que es el mal,
pero hará girar la rueda del destino que aguarda al reino celestial.
Seis estrellas se reunirán y expirará el reinado del cielo.
Alguien gobernará la órbita de las estrellas,
tanto a las oscuras como las celestiales.
Ni siquiera mi poder conoce el nombre del elegido.
La llama de vuestro espíritu arrasará el mal del universo.
Seis estrellas reunidas lo dominarán todo.
Nada podrá detenerlas, entonces...
Destruiréis los cielos."
Kuyou la adivina del antiguo emperador, escapa de la carcel en que había estado
encerrada por negarse a revelar la profecía al nuevo emperador, y Taishaku-Ten
envía a matarla al guerrero más poderoso del reino Yasha-Ô, a sabiendas de la
estrecha amistad que los unía. Así, cuando Yasha la encuentra, es evidente que
no piensa en matarla, y ella le comunica el vaticinio en cuestión y su destino
en relación con él: encontrar un bebé y adoptarlo, aunque en el futuro esa
criatura está destinada a matarle. A pesar de la advertencia, el rey Yasha va en
su busca y haya en el bosque de los espectros un Kekkai (barrera de poder) que
guarda en su interior un recién nacido. Cuando Yasha intenta despertarlo, el
espíritu del bebé se manifiesta como un joven (el aspecto que debería tener si
lleva 300 años durmiendo) que le advierte de su necedad, pues él lleva consigo
la destrucción de este mundo. El guerrero parece ignorarle, y toma en sus brazos
a aquel ser con la forma de un bebé; el último descendiente del clan Ashura, la
"princesa" Ashura. Muy pronto el bebé sufre una transformación repentina y se
convierte en una preciosa niña de unos siete años (y así queda durante la mayor
parte del manga).Aunque el clan se opone tajantemente a la adopción de la
pequeña Ashura (ayudar a alguien de ese clan, que en teoría no debe quedar
nadie, está castigado con la muerte), Yasha no atiende a razones.
Entonces entra en escena un misterioso personaje, Kujaku, con rasgos de demonio
y bastante bromista, pero que parece conocer la profecía y todo lo que conlleva.
Aparece y desaparece por arte de magia, no deja claras sus intenciones, lo único
que parece evidente es que sabe mucho más de lo que dice y que tiene un gran
cariño por Ashura. Cuando Yasha decide llevar a la niña ante Kuyou, encuentra a
la adivina brutalmente asesinada, y por medio de Kujaku descubre que detras de
ese acto está el general del norte Bishamon-Ten, y que en estos momentos debe
estar atacando a su clan. Aunque Yasha vuelve corriendo, es demasiado tarde:
como castigo por haber protegido a la princesa Ashura, se ha convertido en un
proscrito y su clan debe ser aniquilado. Para vengar a su pueblo, Yasha decide
proteger con su vida a la pequeña y hacer que se cumpla su destino: reunir las
seis estrellas para derrotar a Taishaku-Ten.
De esta manera comienza un largo viaje con la pequeña Ashura, con el fin de que
se cumpla la profecía, y en su camino irán apareciendo diferentes personajes, a
su favor o en su contra, pero con un destino común: la muerte.
Primeramente conocen a Gigei, una gran bailarina que ha sido invitada a bailar
en el festival de las estrellas ante Kisshou-Ten, la hija del antiguo emperador.
La muchacha está enamorada de Yasha desde pequeña, así que decide ayudarles
aunque sabe el riesgo que corre. Promete a Ashura encontrarlos cuando termine la
fiesta, los soldados de Taishaku-Ten descubren que los ha ayudado y, como no, la
matan. Kissou-Ten, indignada por la política que está desarrollando el
emperador, decide ayudar a Yasha, y encarga a Souma que se ponga a su servicio.
Souma es la última descendiente del clan Souma, exterminado por Taishaku-Ten ya
que su sangre podía conceder la inmortalidad, así que no se lo piensa mucho
cuando tiene que unirse a Yasha en su cruzada contra Taishaku-Ten, a pesar de
que a su gran amor, Kendappa-Ô, no le hace ni pizca de gracia pensar que puedan
matarla por ello. De repente aparece Kujaku para indicarles que lo primero que
tienen que hacer es encontrar la espada Shura, el arma que solo el rey del clan
Ashura puede manejar, y que se halla en el palacio subterráneo de Kusumapra.
Al dirigirse hacia allí, entran en el territorio del clan Ryuu. El heredero del
rey, Naga, es un muchacho cuyo mayor deseo es ser el más fuerte, por lo que
decide retar a Yasha, que está considerado el mejor. De este encuentro surge una
amistad que lleva a Naga a acompañarles en su viaje; y para ello decide aceptar
ser el nuevo rey, Ryuu-Ô, y así hacerse con la espada Ryuga que lo designa como
tal.
En el palacio de Kusumapra les espera el rey Kumara cuyo clan fue aniquilado por
oponerse a Taishaku-Ten, y desea poder matarlo. Hace 300 años encontró allí a
una joven herida, sacerdotisa del clan Ashura y hermana gemela de Sashi, que
guardaba la espada Shura, y que le convence de que si logra despertar el alma de
la espada podrá enfrentarse al emperador. Para ello necesita la sangre de la
pequeña Princesa, por lo que no duda en hacerla su prisionera. Lo que el pobre
no sabe es que Kara, la sacerdotisa que ahora es su esposa, en realidad es tan
sólo un fantasma, que el rey Ashura-Ô volvió a la vida para que guardara la
espada hasta que su heredero viniera por ella, y que solo Ashura puede
manejarla. Mientras Yasha y los demás luchan contra uno de los muchos enemigos
que el imperio envía, en Ashura aflora su verdadera identidad (no muy buena por
cierto) ante la proximidad de la espada. Para despertarla necesita la piedra que
Kara lleva en su frente, lo cual implica que la sacerdotisa muera por segunda y
definitiva vez. Al revivir la espada, Ashura recuerda que su madre Sashi tuvo
gemelos y a ella intentó matarla por ser hija de Ashura-Ô, y el llanto que este
doloroso recuerdo le produce hace que el palacio sea destruido.
Finalmente Yasha derrota a sus enemigos, Ashura consigue su espada, y el rey
Kumara muere junto a su amada bajo los cimientos de la ciudad de Kusumapra.
Nuestro grupo de héroes regresa a las tierras del clan Yasha, donde deben hacer
frente a un poderoso demonio con el rostro de la princesa Aizen-Myô, que rapta a
Yasha para comérselo y poder vivir mucho más. Ashura decide ir a buscarlo, para
lo cual ha de valerse de su espada, cuyo aura está conectado con Yama, la espada
de Yasha. Kujaku hace la ceremonia de herencia de Shura y la princesa pronto
encuentra a Yasha. Todos coren a ponerse a salvo cuando el castillo del demonio
se hunde, y nadie puede ver cómo el enigmático Kujaku mata al demonio.
Poco después Yasha tiene que hacer frente a su pasado, cuando aparece su
hermanastro Rasetsu (son hermanos por parte de padre, pero el verdadero heredero
es Rasetsu, aunque declinó la corona por Yasha al ser éste mejor guerrero y le
hizo prometer que cuidaría del clan). En un principio muy enfadado, Rasetsu
desfía a su hermano por haber permitido la muerte del clan, pero al final
comprende sus razones y su destino y se despiden habiéndose reconciliado.
Seguidamente Rasetsu se enfrenta al general del Oeste Koumoku para que sus
amigos puedan huir, y como es de esperar, muere en el intento. La siguiente
persona que les ayuda es una muchacha que resulta ser la esposa de Rasetsu,
Shara. Cuando se entera de que su marido ha muerto, y tras despedirse de Ashura
y compañía, decide suicidarse porque no puede vivir sin él.
El nuevo enemigo con el que se encuentran es Agni, y durante la lucha va a
aparecer un nuevo aliado, la reina Karura-Ô. La reina del clan Karura había
permanecido fiel a Taishaku-Ten por temor a las represalias contra su clan y por
su hermana Karyoubinga, una niña encantadora que canta como los ruiseñores pero
tan enfermiza que no puede vivir fuera del palacio del clan. Cuando Taishaku-Ten
la rapta para que cante en la fiesta de conmemoración de su coronación, salir de
su palacio le causa la muerte. Karura soporta esa tristeza hasta que se entera
de que su hermana sirvió de alimento a las bestias, e incapaz de perdonar al
emperador y sin ningún motivo para seguir obedeciéndole, decide unirse a Yasha,
convencida de que su causa es la más noble. Ya están reunidas cinco estrellas, y
todos se dirigen hacia el palacio imperial de Zenmi para encontrar a la sexta y
poder enfrentarse a Taishaku-Ten. Mientras tanto, el hijo del emperador a
invitado a Kendappa-Ô a salir de excursión. Ten-Ô es un muchacho bueno y amable
( la verdad es que no se parece en nada a sus padres) que desde joven está
enamorado de la bella arpista, y decide llevarla a un valle florido para pedirle
matrimonio. La respuesta tendrá que esperar, pues en ese instante aparecen en el
mismo lugar el grupo de Yasha y sus perseguidores. Sin embargo la negativa será
rotunda. El encuentro entre Ashura y su hermanastro es fugaz, pronto el general
Koumoku lanza a sus soldados contra los rebeldes, empieza la lucha y el príncipe
Ten-Ô se lleva a Kendappa para protegerla. Yasha se enfrenta al general del
oeste, y enterarse que es el responsable de la muerte de Rasetsu y Shara le da
fuerzas para vencerle.
Nos acercamos a la confrontación final. Nuestros héroes descubren al fin quién
es la sexta estrella, Kendappa-Ô. Solo hay un problema; y es que la muchacha
resulta ser el misterioso general del Este, Jikoku, un secreto muy bien guardado
por el emperador. Ella le ha jurado fidelidad, por ser el más fuerte, y no está
dispuesta a cambiar de bando. Sin embargo, las seis estrellas están reunidas de
alguna forma, así que la profecía puede cumplirse, y así ocurre. El espíritu de
la verdadera Ashura despierta al entrar en el palacio Zenmi, y al tiempo que sus
compañeros se enfrentan a los defensores del emperador, ella va a buscar a su
madre. Aunque Ten-Ô intenta calmar su dolor y colera, Ashura no atiende a
razones, y mata a su madre sin contemplaciones. Pero hay algo más, su muerte es
necesaria para extraer la piedra que Sashi lleva en su frente, a fin de
despertar completamente la espada Shura y que el letargo de la princesa Ashura
quede totalmente roto. Ryuu, que había ido a buscar a la pequeña Ashura, se la
encuentra con el aspecto que debería tener (es decir, el de un/a joven asexuado)
y no tiene tiempo de hacer nada. Lo mata, antes de morir, Ryuu le pide perdón
por no haber podido protegerla. En otro lugar del palacio, Yasha se enfrenta a
Bishamon, Souma a Kendappa y Karura a Zouchou, ante la tranquila mirada del
emperador.
La reina Karura es la primera que se atreve a atacar a Taishaku-Ten, pero él es
mucho más poderoso, y la mata, aunque ella muere feliz con el consuelo de haber
vivido libremente y poder reunirse con su hermana. Yasha logra matar a Bishamon;
al verlo, su esposa Kisshou-Ten corre a abrazarlo, y ambos se confiesan su amor.
Pero muerto el general del norte, queda roto el pacto de fidelidad que había
hecho al emperador a cambio de respetar la vida de su amada, y Taishaku-Ten mata
fríamente a Kisshou-Ten. Esto hace que Yasha se enfurezca más aún y que Zouchou
se ponga de su parte, aunque eso no hace que aumenten sus posibilidades ante
Taishaku-Ten. De repente aparece Ashura ante todos, revelando cuál es su
verdadera naturaleza: los Ashura son los dioses de la guerra y la destrucción, y
ella está aquí para arrasar al mundo. Entonces ataca al sorprendido Yasha, pero
cuando está a punto de matarlo, desaparece llamada por el palacio Ashura, para
convertirla en su nuevo rey. Souma decide enfrentarse al emperador para que
Yasha pueda ir a buscar a Ashura, pero Jikoku (Kendappa) no está por la labor de
que su amada muera a manos de Taishaku-Ten, así que decide matarla ella misma, y
ya que su gran amor ha muerto se suicida.
Mientras Yasha busca a Ashura, Taishaku-Ten hace lo mismo para impedir que se
cumpla la profecía, y Kujaku, del que se nos han ido dando pequeños detalles
sobre su persona, al fin explica su identidad y su misión: es el hijo del
antiguo emperador y su hermana, que además era la adivina del reino. Por ello
nació con ojos violetas y alas negras como los demonios, y con un tercer ojo en
la frente, símbolo de la decadencia a la que llegaron sus padres. Como era la
prueba de su pecado, el emperador los encarceló de por vida, y su madre se
volvió loca de estar encerrada e intentó matarlo, pero arrepentida, decidió
matarse. Sin embargo, Kujaku tiene sangre de oráculo, así que conocía la
profecía, y si por una parte quiere ser simple testigo de los hechos, osea, si
vence Ashura o Taishaku-Ten; por otra parte desea que el vaticinio no se cumpla,
para lo que hace muchos años regaló la espada Yama al clan Yasha. Esa espada
llegaría a manos del actual rey Yasha, y aunque su destino era morir a manos de
Ashura, tal vez los lazos que se crearían entre ellos ( la misma unión que hay
entre las espadas) podrían romper tan nefasto destino.
Y ya dispuestos a dar explicaciones, por fin descubrimos el origen de la
profecía, la causa del comportamiento de Taishaku-Ten y el significado del
vaticinio:
Taishaku-Ten se revelará y habrá una guerra en la que morirá Ashura-Ô, se
establecerá un reinado caótico, seis estrellas se reunirán en torno a Ashura, y
cuando las seis estrellas estén juntas y todas hayan muerto, sus auras se unirán
al de Ashura, y despertará el dios de la destrucción, que devastará el cielo y
la tierra. El rey Ashura-Ô conocía esta profecía sobre su hijo, pero él tenía
mucha ilusión en darle la vida a su heredera, así que buscó a quien estuviera
dispuesto a desafiar al destino para romper esa profecía, y esa persona era el
ambicioso Taishaku-Ten. A cambio de su ayuda, Taishaku-Ten sólo le pidió lo que
más deseaba en este mundo, al propio Ashura-Ô. Este le pidió que hiciera lo
posible para que nunca se cumpliera el vaticinio, y que si Ashura llegaba a
despertar, tendría que matarla. Para ello, Taishaku-Ten se reveló contra el
emperador a fin de ocupar su puesto, y como estaba prescrito mató a Ashura-Ô.
Aún tuvo que cumplir su último deseo de su amado , comérselo para tomar su
poder, y es por cometer semejante acto que en su frente nació el tercer ojo
símbolo de la mayor denegación. Así pues, Taishaku-Ten todo lo ha hecho para
cumplir la promesa que le hizo a Ashura-Ô, y el rey Ashura-Ô hizo todo para dar
a su hija/o oportunidad de vivir, aunque como castigo de los cielos a su osadía
de romper el destino, la/el nació sin sexo.
Descubierta la compleja red que ha tejido los destinos de todos los personajes,
sólo queda saber si la profecía se cumplirá, es decir, si Ashura será capaz de
matar a Yasha y destruir el mundo.
Cuando el Rey/reina Ashura reaparece, parece totalmente dispuesta a acabar con
la vida del valiente guerrero que la ha cuidado, y él, conociendo ya las
consecuencias de sus acciones, no se siente capaz de levantar la espada contra
la persona que más le importa en este mundo. Entonces, para sorpresa de todos,
Ashura se sacrifica y se mata por no hacerle ningún daño. La profecía se ha roto
por los lazos del amor que unían a Yasha y Ashura; vuelve la calma. Los pocos
supervivientes observan el desolado paisaje, entre ellos, el general Zouchou, la
adivina del emperador, el príncipe Ten-Ô (es tan bueno que Ashura le perdona la
vida para que sea testigo de los hechos que acontecerán), y Taishaku-Ten, que en
cierto modo, ha cumplido su promesa. Por su parte, Yasha ha decidido permanecer
junto a la "tumba" de Ashura.
Pasado el tiempo, Kujaku va a ver a Yasha para decirle que el emperador ha
muerto, y le ve tan convencido de permanecer al lado de Ashura, que decide
intentar un milagro: cambiar su vida por la de la princesa.
Ashura despierta y se echa a llorar en los brazos de Yasha, sabedora de todo lo
que ha hecho. Pero para él, lo más importante es que ella está viva. El la
necesita, y cumplirá su promesa de que siempre estarán juntos.